7.5.23
19.8.09
Colombia 2025
22.6.09
21.2.08
26.8.06
MAGIA
El cuerpo gigantesco del guerrero estaba lleno de cicatrices y su piel curtida por el sol y la nieve. Su nombre era Kazak, y cuenta esta historia que cierta vez, mientras cabalgaba con dos de sus amigos de una ciudad a otra, sufrieron una emboscada a manos de sus más crueles enemigos.
Los tres guerreros combatieron con fiereza pero sólo Kazak consiguió sobrevivir, sus dos amigos cayeron muertos durante la lucha. Ensangrentado y exhausto, Kazak se dió cuenta de que necesitaba descansar, reponer fuerzas y sanar sus heridas. Miró a su alrededor en busca de un lugar seguro y divisó una pequeña caverna excavada en una montaña cercana. Casi arrastrándose llegó hasta allí y una vez dentro de la cueva, extendió sobre el piso su piel de oso y se quedó profundamente dormido.
Horas o días después, lo despertó el hambre. Sintió que su estómago reclamaba algo caliente. Todavía dolorido Kazak decidió salir a juntar algunas ramas y troncos secos para prender un pequeño fuego en su guarida transitoria y comer así un poco de la carne salada que llevaba consigo. Cuando la luz de las llamas iluminó el interior del refugio, el guerrero no podía creer lo que veía: El refugio que había encontrado no era simplemente una cueva, era un templo, un templo excavado en la roca.
Por las inscripciones y los símbolos, el guerrero descubrió que el templo había sido construido en honor a un sólo dios...
El dios Zul-Ra-Tek..!!
Kazak había aprendido a desconfiar de las casualidades, por eso no dudó en pensar que sus pasos habían sido conducidos hasta la cueva por el mismísimo dios del templo, para poder así guardar su sueño. Entonces concluyó que esta era una señal: Desde entonces encomendaría su vida al dios Zul-Ra-Tek.
Se quedaría allí hasta que sus heridas curasen. Mientras tanto, prendería un gran fuego debajo del altar que presidía la inmensa imagen en piedra del dios y cazaría algún animal al que sacrificar en su honor.
Cinco días y cinco noches más estuvo el guerreo en la cueva de la montaña, reponiéndose y honrando a Zul-Ra-Tek. Durante ese tiempo nunca dejó que se apagara la llama que iluminaba el altar. Al sexto día, Kazak se dio cuenta de que era hora de seguir su camino, y quiso dejar, antes de partir, una ofrenda a Zul-Ra-Tek en señal de gratitud.
- Una llama eterna - pensó - pero ¿cómo conseguirla?
Kazak salió de la cueva y se sentó en una roca al borde del sendero a meditar sobre el problema. Sabía que un poco de aceite ayudaría a mantener la llama, pero no era suficiente. Pensó, por un momento que quizás debía buscar mucha leña, tanta como para que nunca se consumiera; tanta, que durara eternamente... pero rápidamente se dio cuenta de lo vano del esfuerzo... mucha madera aumentaría la intensidad del fuego pero no la duración de la llama...
Un monje, de túnica blanca, que caminaba por el sendero se detuvo frente a Kazak. Tal vez de puro curioso o quizás por la sorpresa de ver a un guerrero en tan reflexiva actitud, el caso es que el monje se sentó frente él y se quedó inmóvil mirándolo como si pasara a ser parte del paisaje. Horas después, cuando el sol ya caía, Kazak, todavía seguía pensando...
Lo ocupaba tanto su problema que no se sorprendió demasiado, cuando el monje le habló:
- ¿Qué te pasa guerrero? Pareces preocupado... ¿Puedo ayudarte?
- No lo creo - dijo el guerrero - Esta cueva, mi señor, es el templo del dios Zul-Ra-Tek, a quien hace cinco lunas he consagrado como mi protector, el destinatario de mis oraciones, el objeto último de mi lucha. Pronto deberé partir y quisiera honrarlo eternamente, pero no sé como conseguir que la llama que he encendido dure para siempre.
El monje meneó la cabeza y como si hubiera adivinado el camino que había recorrido el pensamiento del guerrero le dijo:
- Para que la llama sea eterna, necesitarás algo más que madera y aceite...
- ¿Qué cosa? - Se apuró a preguntar Kazak - ¿Qué más necesito?.
- Magia - dijo el monje secamente.
- Pero yo no soy mago, ni sé de magia.
- Sólo la magia puede conseguir que algo sea eterno.
- Yo quiero que la llama sea eterna - dijo el guerrero... - Si consigo la magia, ¿Me puedes asegurar que la llama para Zul-Ra-Tek será eterna?.
- ¿Asegurar?. Hace una semana ni siquiera sabías de la existencia de este templo a Zul-Ra-Tek… y hoy quieres para él, un homenaje eterno. Esto es lo que hoy deseas... ¿Es que acaso tú puedes asegurar que tu deseo será eterno?...
Kazak hizo silencio. El guerrero se dió cuenta que nadie podía afirmar la eternidad de un deseo...
El monje volvió a menear la cabeza y se puso de pie... Se acercó a Kazak, y apoyándole la mano abierta en su cabeza, le dijo:
- Te diré un secreto:
“La magia sólo dura mientras persiste el deseo…”
IK.
ah� vamos...
Saturación de imágenes, desde mi apacible cama, a través de la esquizofrenética ciudad, hasta mi prisión voluntaria de doce horas diarias
Me despierto y me froto los ojos tratando de recordar que día es hoy, si debo ir a trabajar ó puedo hacer “pereza” un poco más. Observo mi reloj de pulso...bueno intento observarlo, la verdad bajo las cobijas no es fácil. Oprimo el botón superior derecho y se enciende la luz fluorescente de color verde y leo: TU’05 4-05 04:07:37. - increíble que esa combinación de números y letras signifique que debo levantarme -. Aún recuerdo las dulces palabras de mi madre cuando me decía: “mijo levántese que se le va a hacer tarde para irse...” y me acercaba un tintico caliente... Ahora sólo está ese frío código: TU’05 4-05 04:08:21. Bueno, no mas divagaciones... ¡ arriba !
Ya me bañé con agua caliente y estoy empeloto frente al lavamanos, el tipo del espejo me mira un poco compasivo, como diciendo ¿otra vez usted?, sonrío y él me devuelve el gesto. Tomo el estuche de “Colgate”, me causa una curiosidad especial la combinación de colores de la crema (azul y blanco). ¿serán hinchas de millos?, comienzo a dudar de la efectividad del dentífrico. Pero no hay más, entonces cepillo mis dientes lo más rápido que mi conciencia aséptica me lo permite y me voy a mi habitación.
Comienza el ritual. Desodorante en barra (blanco), talcos (blancos), calzoncillos (blancos)... “GEORDI”... ¡ tremenda marca !, pero, - ¿a quien se le ocurre poner un estampado así en unos bóxers? -, un par de bananos, uno de ellos a medio-pelar... - muy sugestivo, ó ¿estaré demasiado sensible ésta mañana? No se...- ¿y porqué sobre el bolsillo?, ¿y para que un bolsillo en un bóxer?, dicen que para el condón, pero... ¿será cierto?, dejémoslo así.
Un Jean? No, muy informal... Hoy es reunión con la consultora de calidad, es mejor una ropita mas adecuada, pantalón gris, camisa azul de rayas, saco de paño azul oscuro, sin corbata, un poquito de loción, ésa loción... - que curioso; sólo me había interesado en el aroma, hasta hoy -. Ahora me fijo en el frasco, negro mate, de vidrio, no deja ver el contenido, no es necesario, la tapa negra, elegante, muy sobrio, solo tres palabras: “STRONG MUSK ESIKA”, tres palabras sencillas, ni siquiera sé en que idioma están, pienso que debe ser universal, - quizá francés -. Lo importante es lo que comunican, lo que evocan, sólo con ver las tres palabras mi cerebro recuerda la fragancia, dulzona y suave... - si, ésa que las mata..., bueno de eso escribiré otro día -.
Ahora salgo, decidido a comerme el mundo de imágenes que me rodea, ese mundo lleno de ilusiones.. - ajaaa, de ilusiones fisiológicas, lógicas y psicológicas.
Tomo un autobús y observo. Un panel de vidrio separa la cabina del conductor del resto del vehículo. Hay un grabado impreso en el vidrio, es un rostro, creo que es Jesucristo, tiene el pelo largo y la corona de espinas. Hay algo en su mirada que no me gusta, tiene el seño fruncido y mira como si estuviera bravo...me dan ganas de preguntarle, - ¿Qué? -. Prefiero la idea de un Jesús sonriente, amoroso y amigo.
Me levanto y le cedo el puesto a una mujer, sólo con la intención de acercarme un poco a la cabina y observar adentro... - ¡ lo sabía !, sabía que iba a estar lleno de íconos -. Un llavero de pata de conejo colgado del espejo retrovisor, al otro lado un zapatico de bebé. - Éste tipo es agorero a morir - . Pegado sobre la “consola” una estatua pequeña de un niño monito de túnica azul y roja, colgado de un gancho, un escapulario se bambolea con los lentos movimientos del vehículo... - también es religioso - me mira por el espejo. - ¡ Atrás hay puesto ! - me grita – me retiro, se dio cuenta que estaba fisgoneando.
Miro a través del vidrio. Hay un pelao negrito pidiendo monedas. Lo miro fijamente, me responde con una sonrisa y después me muestra los puños, creo que me está diciendo. - ¡ bajáte ! - . El autobús avanza, hay un graffiti alcanzo a leer sólo un poco (CRISTO VIE...),ya lo conozco, dice: ”CRISTO VIENE PRONTO... ¡ VAMONOS !“ Ya me lo aprendí (¿ley de la buena forma?).
Estamos en el centro de la ciudad, veo la gente, parecen ríos humanos, suben y bajan por las calles. Me imagino un ejercito de hormigas, atravesando la calle hacia la casa de mi abuelo... ¿y que me recordó al abuelo? ¿las hormigas? ¿las personas? Quizá fue el anciano que esperaba pacientemente en la esquina... - ¿qué pasa? - , el autobús no se mueve. Avanzan los minutos. Miro mi reloj de pulso: TU’05 4-05 05:38:49 , - ¡ Que vaina ! – Ya se que voy a llegar tarde, me desespero, siento mi espalda mojada en sudor. Los minutos siguen pasando. Trato de calmarme, sigo observando, hay una flecha junto a la palabra “TIMBRE”, sigo la dirección que me indica y descubro el pequeño botón, me relajo ingenuamente, siento como si hubiera encontrado una salvación.
Ya no puedo soportar más la espera. Decido bajarme aquí y caminar, talvez consiga un taxi y logre salir de éste caos. Camino, sigo observando. Hay unas viejas frente a la puerta de un bar. Miro de nuevo el reloj: TU’05 4-05 05:47:35 - ¿no descansan? – me pregunto – es tan temprano y ya están trabajando... bueno, he oído que algunas consideran ésta profesión como un trabajo cualquiera, no me extrañaría que también deban timbrar tarjeta. - ¿y porque pienso así de éstas mujeres?...- tienen cara, es algo en su apariencia, en su ropa insinuante, rayando en lo vulgar, al igual que su maquillaje, y su rostro con huellas del trasnocho; no creo que vengan de misa... -, sigo caminando, observando...
Hay muchos anuncios, vayas, pancartas, pasacalles, afiches, volantes, pasquines, saturación de imágenes, colores, ruidos, luces, sombras, gritos, compras, ventas ambulantes, sombreros, zapatos, maletines, revistas, ropa, drogas (si, de ambas...), - “servicios editoriales, lo piensa y lo hace”, “asegúrate de vivir...suratep”, “café sello rojo”, “con american express de BanColombia, llévese toda la atención”, “maestros en la tecnología y líderes en servicios”, “ essence for woman y essence for men”, “club colombia...perfecta”, “Huggies Winnie Pooh”, “entra ya a la onda postobon”, “communicam MCA-30 Sony-Comcel”, “Juanes: Se habla español”...
A punto de marearme, pienso que necesito un vaso de agua, y de pronto, frente a mis ojos: “Frutería, cafetería, cigarrería, salón de onces, restaurante y tomadero, Don Pacho”, “siga para tener el gusto de atenderlo...” Una rápida ojeada, me confirma que es mejor no entrar, el ambiente es horrible, oscuro, no se le distingue bien la cara a “Don Pacho”, detrás del mostrador, y la niña que atiende, tiene el pelo grasoso y las uñas de las manos pintadas de un rojo escandaloso. - me sonríe – ¡ A la orden ! ¿qué va a querer su mercé?, le devuelvo la sonrisa y sigo caminando.
Más vitrinas, mas avisos: “FOR SALE 15% 25% 50%”, sólo les faltó escribir, ”SM”, es decir: “según el marrano”. - ¿será que la gente sigue creyendo en eso? – Sigo caminando. Joyas, relojes, afanes... ¿ afanes ? –¡ carajo ! ¡ Que se me está haciendo tarde !
Tomo un taxi, musito una dirección y cierro los ojos, - ya está bien por hoy – los abro y veo un perrito encima de la “consola”, no mueve la cabeza, el resto del taxi, el chofer y yo, nos movemos y la cabeza del perro sigue quieta, como flotando. Me choca ver ése perro, siento ganas de patearlo. Vuelvo a cerrar los ojos. Llego a mi oficina, miro de nuevo el reloj: TU’05 4-05 06:14:42. ¡ uta !, - Quince minutos tarde – saludo a mi jefe – Buenas... –¿ ya vio la hora ?- me dice - me provoca decirle que si, que desde que me levanté la he visto como cincuenta veces – Discúlpeme, por favor, se me presentó un inconveniente... – no me deja terminar y comienza el sermón acerca de la puntualidad. Agacho la mirada y espero, esto puede durar unos dos o tres minutos, cuando ha terminado digo lo que repito siempre, - si señor, lo tendré en cuenta... - Doy media vuelta y me retiro.
Meto la cabeza en



