22.6.09

ERASE UNA VEZ UNA FABRICA HISTORIA SOBRE LA CALIDAD PROLOGO Hubo un tiempo en que el idioma era muy aburridor Plano sin Vida Era perfectamente funcional perfectamente utilitario Pero no tenia musica No tenía brillo Una frase tipica sonaria como esta Y la siguiente como esta Y la siguiente como esta Y seguiria indefinidamente de la misma manera Esto ocurria tanto en el idioma escrito como en el hablado No habia poesia No habia canciones No se guardaban registros de ninguna naturaleza Y asi era porque la gente no queria molestarse en dejarles a sus descendientes una prosa tan plana tan carente de vida Rufo Punto vivió hace mucho tiempo. Nadie está seguro sobre la época exacta que vivió. Si usted ha llegado hasta aquí, entonces ya sabrá porqué. De todos modos, eso fue hace mucho tiempo, y la leyenda dice que Rufo disfrutó bastante la vida. El sentía la felicidad. El sentía la tristeza. El sentía el dolor. El sentía la alegría. El sentía todas esas cosas y otras más. Pero, por encima de todo, sentía profundamente. Sin embargo, cuando trataba de explicarles esos sentimientos a otras personas, todas ellas terminaban escondiéndose detrás de la puerta. Rufo decía cosas como: Esta fue una experiencia muy conmovedora Siento gran alegria O: El dolor que tengo en el callo del pie es atroz O: Detesto tener que hablar de modo tan torpe Y las personas que escuchaban a Rufo decían: Nos complace mucho que usted sienta tanta felicidad O: Quizás unas sales de Epsom le ayudarian O: No entendemos por que razon usted piensa que hablar tal como se acostumbra deba considerarse torpe Rufo sentía que algo le roía en estómago. Esto, por lo menos, le permitía dejar de pensar en sus callos por un momento. Una noche, Rufo se arrodilló y rezó la misma oración de siempre: Por favor Dios permite que alguien invente algo para que nuestro idioma deje de ser tan amorfo y aburridor Luego estiró las mantas y se acostó. Pero no podía dormir. De modo que se levantó y se dirigió al escritorio, lleno de desesperación. Tomando papel y lápiz, escribió: ¿Porqué es el lenguaje tan inadecuado para transmitir los verdaderos sentimientos y emociones? Se detuvo y leyó lo que había escrito. Luego escribió: ¿Qué fue ese garabato tan curioso que puse al comienzo y al final de la última frase? Nuevamente se detuvo a leer lo que acababa de escribir. Esta vez no sonrió. Así fue como se descubrió la puntuación.